Siento que no puedo mas, se me estalla el pecho; siento como
mi espalda se encorva cada minuto más a causa de la tensión, al punto de no
poder mantenerme erguida… y el nudo en mi garganta se hace mas que doloroso.
Han sido 27 días esperando que me digan que no es nada, que
fue solo un episodio, que no volverá a repetirse… pero no ha sido así. Han sido
cuatro semanas en las que entre análisis, pruebas y observación, el diagnóstico se iba cercando hacia un único
punto, la epilepsia vera. Falta aún por confirmar si algunos de los focos que
han encontrado necesitarán intervención… pero a este punto, eso sería otra cosa
más, a asumir y asimilar.
Sé que existen condiciones médicas mucho mas graves, sé que
con una medicación de por vida, podrá llevar una vida “normal” (si es que a
depender de una droga se le puede llamar normalidad, y rogar porque la
“clínica” no empeore), pero como madre me duele profundamente… me carcome!
En mi cabeza resuenan las palabras de aliento, frases del
tipo: al menos ya sabes que es, o , bueno, podría ser peor, o al menos con
medicina se puede controlar… pero por ahora no tiene solución… y mi cuerpo y mi
alma se resisten, y algo muy dentro de mi se rehúsa a simplemente asumirlo.
Y está la incertidumbre… y si empeora, y si nos dicen que
hay que intervenir… hoy no puedo dejar de pensar en el peor panorama, porque
durante semanas me resistí a ver las posibilidades negativas; durante semanas
me puse las gafas del optimismo, así estuvieran empañadas, porque confié en que
las pruebas saldrían bien… pero no fue así; una a una de las pruebas fueron
dando resultados poco alentadores, y sin embargo yo ansiaba con toda mi alma,
todo mi corazón y mi cuerpo, que eso… no fuera indicativo y si meramente
coincidencial.
Mi niño es un campeón! Lo veo y lo siento… y será por ello
que me abruma esa sensación de injusticia; y es precisamente lo que me impide
en este momento asumir la realidad, porque me indigna que esto le pase a un
niño, a cualquiera, pero desde luego al mío (2004).
Él está bien, físicamente bien, algo mas cansado que de
costumbre, un poco inquieto por tanta prueba… pero en términos generales, se le
ve bien. Le parece extraño no poder dormir en la parte alta de su litera, y que le tengo un monitor de bebé, pero de resto, lleva su vida normal.
En la Resonancia
Magnética logró estar los 25 minutos sin moverse, y eso que
no le pusieron tapones en los oídos; se portó fenomenal, como el mas valiente de
los valientes, a pesar de que cuando se
estaba vistiendo haya roto en lágrimas y me hubiese confesado que tuvo mucho
miedo allí dentro. Todo un campeón! Ya quisiera ver a muchos adultos
comportarse de ese modo en muchas otras situaciones de la vida. Me da rabia,
mucha rabia que tenga que repetir ese examen cada x meses para controlar, ya
que él mismo me suplicó que no quería volver a pasar por ello.
Sé que tendremos que asumirlo, pero aún el sentimiento de
indignación me tiene desbordada; sé que podría ser peor (de hecho aún faltan
cosas por confirmar); sé que cada vez son mas los niños que padecen esta
enfermedad; sé que no será pasajera; sé que no le condicionará “mucho” la vida
si la “clínica” se mantiene; sé… lo sé… pero no deja de abrumarme.
Entiendo que hay cosas que están fuera de nuestro control, y
a pesar de lo fuertes que seamos y la buena energía que le queramos imprimir,
llega un momento en que te estrellas con la realidad, y no te queda otra opción
que asumirla y enfrentarla con el mejor ánimo posible, con las gafas del
optimismo… esas mismas que hoy se han roto, pero que por fortuna se podrán reparar!.
Quiero dar las gracias a todas las lindas personas que nos han acompañado física y virtualmente en todo este proceso... gracias, mil y mil, sin ese apoyo, todo este proceso hubiese sido insoportable.