El Ejemplo

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Cuando te miran a los ojos y de ellos sale un destello, comprendes que no hay nada más importante que el amor de tus hijos. Eres modelo, tal y como lo fueron tus padres, y tus abuelos, y las generaciones anteriores… ¿Será precisamente por esto que nos es tan difícil asumir la responsabilidad de generar cambios que los afecten positivamente?

Sabemos, pero no somos conscientes y no actuamos en coherencia a nuestro conocimiento, de la necesidad de cambiar por ejemplo, nuestros hábitos de consumo energético, nuestra manera de consumir y producir basura, nuestros hábitos alimentarios, pero también nuestra manera de educar.


Tenemos en las manos la posibilidad de cambiar el futuro, inculcando en nuestros pequeños valores de respeto y tolerancia. Respeto al entorno próximo y lejano. Tolerancia ante las diferencias pero no ante las injusticias. Cada acción, cada gesto que realizamos, por simple que parezca, se convierte en un modelo para nuestros hijos: el consabido ejemplo! Una oportunidad permanente de educar, que muchas veces pasa desapercibida para nosotros.

Queremos que nuestros hijos sean buenos, respetuosos, sinceros, que tengan buena salud, que sean felices, que tengan buenas calificaciones… todo eso queremos, pero, ¿en cuanto de ello los estamos ayudando con nuestro ejemplo?

He visto muchas veces este comercial (y no deja de impactarme) que nos recuerda precisamente como nuestras acciones se convierten en ejemplos y modelos a seguir; de nosotros depende que tipo queremos darles: el negativo que se muestra, o el positivo de cierre. Recordemos el comercial:

Hagamos una lista de las cosas que quisiéramos para nuestros hijos y revisemos en cuantas de ellas podemos ayudar con nuestro ejemplo:

  • Vida saludable: ¿fumo? ¿hago deporte? ¿cómo es mi dieta?; cuando hago la compra, ¿busco los productos más saludables, o me guío por aquellos más apetitosos?…
  • Tolerancia: ¿critico por criticar?; ¿entiendo que las opiniones de los demás, son suyas y no las debo juzgar?; ¿prejuzgo por condición social, credo o raza?;
  • Ingeligencia: ¿Estimulo la creatividad de mis hijos?¿cuantas horas al día me la paso frente al televisor?; cuando me pide un juguete, ¿salgo corriendo a comprarlo o me lo invento en casa?;
  • Respeto: ¿Cedo el paso a los más mayores, inválidos, mujeres embarazadas o demás personas en situación de desventaja?;¿saludo cuando entro en un local?¿dejo hablar a los demás?…
  • Solidaridad: ¿Alguna vez he ayudado a un desconocido en medio de la calle?; ¿Me ofrezco para ayudar a mis amigos y conocidos?;¿me sensibilizo y hago algo por los menos favorecidos?; si veo un papel tirado en la calle, ¿lo recojo y lo tiro a la basura?

Lo sé, la lista sería interminable… pero lo que nos queda es al menos tener conciencia que cada cosa que hacemos tiene una consecuencia directa: es el ejemplo que le estamos dando a nuestros hijos! Y eso ya es mucho.

Nota: Esta entrada se realizó por primera vez el 12 de marzo de 2010 en mi otro blog que está en desuso Echeverryando!

7 Comentarios

  1. ojalá no me equivocara tanto, y ojalá tuviera mas ayuda, no puedo hacer y decir yo una cosa y el otro progenitor otras contrarias la mayoría de las veces. Que impotencia. Gracias por tu blog, lo descubrí hoy.

  2. Muy interesante yo también me contradigo mucho con mi pareja. Deberíamos empezar por ponernos de acuerdo nosotros antes de comenzar con la educación de nuestros hijos.

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