El poder de la palabra en la crianza y educación

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Las palabras son la expresión de nuestros pensamientos y
sentimientos, y son capaces de generar realidades o cambiar situaciones.
El
manejo de las mismas es una gran herramienta para influir en nuestro entorno y
generar cambios, tanto positivos como negativos. 
Cuando nos dirigimos a un niño deberíamos tener mayor
cuidado en el contenido del mensaje, ya que ellos no pueden abstraer mensajes
ocultos, ni pueden interpretar siempre si se trata de una declaración o de una
broma. De hecho, estas son habilidades sociales que se desarrollan con los
años.  

Hoy fui testigo de cómo el uso indebido de etiquetas de
valor
y prejuicios sobre el comportamiento, generaban una infinita tristeza en
los niños de tres años que fueron víctimas de esas palabras; el adulto que las
propició, no tuvo en cuenta el poder de sus palabras.  No creo que decirle a un niño de esta edad que
es un “vaguete” sea una forma positiva de promover el aprendizaje y el
esfuerzo; O que decirle a otro, que es un “bicho” delante de toda la clase pueda ayudar a
que se comporte de forma más colaborativa. O que decirle: – “no, estas cogiendo
fatal el lápiz, así no puede ser
”  pueda incentivarlo
a hacerlo mejor; Creo que todo lo contrario, que éstas palabras generan una
sensación de desmotivación
, que con el tiempo y la repetición se terminarán
convirtiendo en realidad. 
En el entorno cultural en el que me encuentro, es muy común oír
a padres, madres, y adultos de referencia (profesores, autoridades, abuelos,
etc) dirigirse a los niños con palabras cargadas de negatividad e incluso
agresividad, a lo que yo llamaría simplemente: falta de respeto.
No creo que sea positivo para ningún niño, que sus padres o profesores le
estén repitiendo constantemente frases de cajón del tipo:
  • ¡Es que no te enteras!  
  • Pero mírate ¡Eres un desastre!
  • Es que no puedo más contigo
  • Eres un bicho
  • Pero que vaguete
  • ¿Pero qué dices? Es que eres tonto!
  • ¡Ya te vas a enterar!

Un niño al que se le repite que es malo, o vaguete, o bicho,
o un desastre, terminará por creérselo y actuará en consecuencia de esa “predisposición”
que como adultos hemos zanjado en su destino.
La reconducción de actitudes
negativas no se logra con actitudes peyorativas, todo lo contrario, esto a
futuro terminará empeorando la situación. Etiquetar con conceptos peyorativos nunca será una buena forma de educar
No hemos de subvalorar el poder de nuestras palabras y su
influencia sobre nuestros hijos, alumnos y menores de nuestro entorno. De la
misma manera que a nosotros como adultos nos afectan las palabras de las
personas que realmente nos importan, no hemos de pensar que no suceda igual con
los pequeños.
Piensa en positivo, habla en positivo, transforma tu realidad y la de los pequeños que te rodean. 
La próxima vez que vayas a decirle algo a un pequeño, piensa
bien si eso es algo que te gustaría que alguien te dijera… tal vez así todos
nos enteraremos un poco mejor de que va eso que llaman respeto. 

13 Comentarios

  1. Yo lo intento, pero alguna frase se me escapa por inercia. Sobre todo cuando estoy muy enfadada, un eres malo siempre se me escapa, menos mal que ellos en su inmensa sabiduría me corrigen diciéndome, no, no soy malo, soy bueno.
    Tengo que aprender a gestionar mis emociones.
    Besos

    • Has dado en parte de la clave, y es la propia gestión de nuestras emociones. Por eso, este ejercicio que haces de interiorizar lo que haces, es un gran paso. No nos han educado para canalizar de forma positiva nuestras emociones, pero siempre podemos iniciar, y por nuestros hijos, es siempre un buen incentivo.
      Un abrazo

  2. Yo soy más de como se dicen las cosas que no de la palabra en sí. Algunas de ellas, de estas palabras (vago, desastre..) son aún indefinibles para ellos. Lo que no lo es, seguro, es la actitud, el gesto, la expresión. Por eso, tienes razón, deberíamos (aunque no siempre es factible) pensar siempre antes de actuar.
    Enhorabuena por el post.

  3. Hola, yo soy mama de dos niñas de 7 y 4 años, y a veces no les digo las palabras correctas debido a los nervios del momento, me parece muy interesante esta entrada, creo que vivimos demasiado deprisa y no nos damos cuenta de los errores que cometemos con los niños a la hora de hablar con ellos.
    me hago tu seguidora, me parece muy interesante leerte.
    yo también tengo un blog, de artesanía en fieltro, te invito a visitarlo.muchas gracias por abrirnos los ojos
    http://www.sendadefieltros.blogspot.com
    un saludo
    Laura

    • Gracias Laura… es simplemente un llamado a la reflexión, porque como tu bien dices, las prisas en las que vivimos no nos dejan espacio para reflexionar sobre muchas de las cosas que hacemos y decimos. También me pasaré por tu blog, me encantan las artesanías… Un abrazo.

  4. Precisamrnte este es uno de los temas estrellas de discursion con mi pareja pprque él no se da cuenta de el negativismo q trasmite muchas veces en sus palabras, simplemente creo q no tiene las herramientas para gestionarlo pero poco a poco vamos trabajando en ello.
    Un abrazo

    • Te felicito por insistir! No es fácil caer en la cuenta del poder que tienen las palabras, los gestos y los actos cotidianos… ya que como bien dices no nos han dotado de herramientas para entenderlo.

      Esta pequeña gran revolución que desde la crianza estamos llevando a cabo, será la que modifique esos comportamientos y genere esas herramientas necesarias.

      Un abrazo

    • Yo creo que es cuestion de ponernos en su lugar, tenemos mucha información para entender como se va formando su cerebro aún inmaduro y asi es mas sencillo actuar en consecuencia.
      Nos vemos el sabado 😉

  5. Yo creo que es el conjunto, la actitud, la manera de decirles las cosas, las palabras… es todo, yo creo que la negatividad no es el camino. Muchas veces nos pierden los nervios y no nos controlamos (igual que cuando tratamos con adultos) pero es en ese momento cuando tenemos que saber disculparnos.

  6. Qué gran razón tienes, Cata. No hay un sólo post de tu blog en el que no pueda estar más de acuerdo, tienes la clave siempre de dar en el puntito exacto de lo bueno y lo malo.
    En casa, intentamos ser positivos, nada de etiquetar -ni fuera de casa- y creo que mis hijas están "sanas" en este sentido.

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