Efecto Rino-rebote – Cuando empiezas a gritar

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Al regreso de mi desconexión veraniega, me encontré con una revolución en las redes sociales y el mundo de la mater/paternidad: Todas y todos hablaban del reto “#RinoNaranja”. Por si hubiese alguien tan despistado como yo que aún no lo sepa es, en resumen, una iniciativa (que nos compartió Cecilia Jan en el blog de DeMamas&DePapas ) para que evitemos GRITAR  a nuestros hijos.

Quienes me leen creerían que yo no necesito este tipo de iniciativas, y no sé porqué!. Incluso hubo quien me lo afirmó vía tuiter. Y aunque es cierto que no soy una persona violenta, ni suelo gritar a mis hijos, y que busco instaurar en mi entorno un ambiente libre de hostilidades… no significa que no tenga mis días oscuros y mis salidas de tono. Soy una madre perfectamente imperfecta, como la mayoría de todas.

En el verano estuvimos rodeados de familias normales, con niveles de paciencia por debajo de lo normal, y que se trataban de forma “aparentemente normal“: si, se dirigían unos a otros con descalificativos normales del tipo tonto, no te enteras, o ya te enterarás, y con padres y madres igualmente normales, que a la primera propinaban al menor un grito -que no un llamado de atención, y a la segunda una amenaza de “vas a cobrar” – que terminaba en un cachete u otro grito magistral con su consiguiente castigo ejemplar  (para mis lectores no ibéricos lo de cobrar es una expresión que significa que van a recibir un golpe O_O ).

Fue muy agobiante para todos nosotros; mis hijos, mi marido y yo vivimos en una burbuja, nuestra burbuja, nuestro pequeño oasis y paraíso de armonía en el que cuando alguno de nosotros tiene su momento oscuro, lo arropamos y acompañamos (y le dejamos tranquilo para que vuelva a encontrar su centro) y vernos en medio de este tipo de situaciones, nos dejaron bastante afectados… tanto, que hasta llegaron a contagiarnos!.

Esa semana de reconexión cuando me enteré del RinoNaranja pensé inmediato en esas familias (conocidas y no) a las que hubiera servido enterarse de este reto – aunque difícilmente querrán salir de ese bucle de gritos y desespero. Y durante las primeras semanas  luego del regreso a las rutinas, utilicé esos ejemplos de esas familias para hacerles ver a nuestros hijos, “como lo hacían los otros de mal, gritando a sus peques” jajaja… dicen por ahí que el pez muere por la boca, pues bien… acá estoy en mi propio blog reconociendo públicamente que he pecado de convencida y me he dejado contagiar del mal ejemplo. Y esto es lo que llamo EFECTO RINO-REBOTE.

Llevo un par de semanas bastante perdida del blog, porque también me perdí de mi misma. Un par de semanas en que los gritos se apoderaron de nuestro hogar y el efecto rino-rebote entró a formar parte de nuestro diario vivir. HORRIBLE! nunca me he sentido tan mal en mi vida como en esas dos semanas.

La intolerancia se apropio de nosotros, los dizque adultos de la casa, nos hemos dejado sumir en un espiral de sin razones y “yo-tengo-la razón”, de afanes e impaciencias, espiral del que – y ahora lo sé– es muy difícil salir. Que si la crisis, que si la tensión, que si el miedo, que si los cambios, que si el cansancio físico y mental, que si las hormonas… todo al parecer es una buena razón para disculpar un comportamiento errado, y sobre todo ejercido sobre quienes menos debemos… sobre nuestros hijos.

Admiro enormemente a esa señora que hizo el click en su vida y decidió salir de esa espiral , cosa que sé que no es nada fácil, y ahora está motivando a miles de personas a salir de ese agujero negro en el que se convierten los malos tratos… porque de eso si sigo estando convencida: los gritos son MALTRATO. 

Nosotros por nuestra parte, hemos roto el espiral y poco a poco estamos retomando nuestro equilibrio, ese de nuestra burbuja y nuestro pequeño oasis, pero eso si, confieso, está siendo MUY DIFICIL, sobre todo porque nos ha coincidido con muchas “razones” incluyendo un nuevo “momento clave del desarrollo” (como diría Brazelton) de nuestro peque… los cuatro años, que han llegado como un torbellino. 

¿Y tú, estás con el #rinonaranja o te ha pasado como a mí un efecto rino-rebote?

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12 Comentarios

  1. Me suena lo de tu burbuja, a nosotros nos pasa tambien, creen que por no gritar a nuestra hija la malcriamos sin darse cuenta que se aprendre con palabras y no con gritos.
    No te conocía pero te seguiré a partir de hoy.

    • Bienvenida por acá y gracias por seguirme 🙂 Efectivamente los gritos no sirven de nada, son solo manifestaciones de nuestra propia incapacidad… y es una pena que sean tan difusos y "normalizados" sobre todo en este entorno.

    • Sabes que creo, que si logras evitarlo vas ganando terreno, porque una vez que lo haces es como una epidemia que es muy difícil de controlar. Así que te animo a que sigas "mordiéndote la lengua" o siguiendo alguno de los consejos del RinoNaranja para evitar caer en ello. Un abrazo

  2. Yo empecé a seguirlo en Facebook porque me pareció una iniciativa maravillosa pero no sabía que se había extendido tanto. De momento no tengo ese problema porque D es muy pequeño y, además, un santo. Todavía, cuando se pone pesado, tengo la suficiente fuerza para dejarlo en la cuna, salir de la habitación, respirar hondo y volver a abrazarle. Pero dentro de nada me vendrá muy bien 'emburbujarme' y seguir esta rutina de no gritos. Este fin de semana he estado con una familia en el que se educa a gritos, aunque no se haga a nada, y ahí me veías a mí intentando mediar y quitarle hierro al asunto cuando se dirigían al pequeño de la familia (6 años) como 'tonto". ¡Es que eres tonto, no le des ese juguete al bebé, que no puede tenerlo! Y decía yo: "No pasa nada, pregúntame y yo te digo qué juguetes le puedes dar". Y así. Es tremendamente cansado.

    • Patricia, no solo es cansado, sino altamente tóxico! Te lo digo yo que estuve cerca de familias con este "mal hábito" y que terminaron por contagiarme. Es terrible ver que les parezca perfectamente válido menospreciar a sus hijos de esa manera. Tu eres una madre muy consciente y seguro que en su momento encontrarás los mecanismos para canalizar la rabia o frustración o lo que sea que nos provoque el arranque del grito. Un fuerte abrazo.

  3. yo no siempre puedo controlar mi tono de voz demasiado siciliano… no siempre lo hago bien, lo que si que hago siempre es pedir perdon si me pasé con los decibelios. Y creo que en el fondo, mis hijos entienden que mami no es perfecta, que pierde los nervios pero que sabe ver cuando lo ha hecho. Trabajo, familia, casa… no es facil. Y si ellos entran en la espiral de molestarse el uno al otro por tonterias, de negarse a ir a la ducha o a dormir sistemáticamente, de… a veces, mi paciencia creo que se va a tomar unos vinos y me deja más plantada que una flor… no siempre, claro.

    • Jajaja…tono siciliano! Desde luego que el tono de la voz también influye mucho y la intención. Creo como tu que no somos perfectas, y me uno a lo que dices de pedir disculpas. Es muy importante también eso… como lo he dicho en algún otro post, errar es humano y eso también lo debemos comunicar. Un abrazo

  4. Yo… Trato de no gritar, ni agobiarme, ni dar mi mala cara a las niñas, la mayor sabe cuando estoy enfadada y sabe qué decirme para tranquilizarme, o en qué momento tiene que irse a otra habitación para que me desestrese. Parezco una mala madre, pero hay momentos y situaciones puntuales. Lo bueno es que tanto yo, como ellas las reconocen y tratamos de evitarlas.

  5. Yo aprendí que le grito a mi nena cuando veo en peligro al hermanito menor. Digamos que a ella le encanta "cuidarlo" y vivo con el corazón en la boca. También grito cuando mi niña interior quiere complacer a otras personas, como mi suegra por ejemplo, cuando me mira como diciendo "te está tomando el pelo". Este reto me ha servido para reconocer estas situaciones que disparan mis gritos, que gracias a Dios no son muchos.
    Saludos Cata

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