5 cosas que sólo harías por tus hijos

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Esto de ser madre (bueno y padre, que a los que ejercen la paternidad activa, también les pasa) trae consigo una serie de nuevas habilidades que ponen a prueba todos tus límites y remilgos; desde lo escatológicamente repugnante hasta la superación de las más profundas y arraigadas fobias. Lo he comprobado, no hay límite en lo que eres capaz de hacer (o dejar de hacer) por tus hijos…  no hay mayor motivación interna para superar miedos, animadversiones, manías, disgustos y hasta odios, que el amor por un hijo.

Yo por los míos me he visto envuelta en situaciones a cuanto menos anecdóticas a lo largo de estos 12 años desde que me estrené en las lides de la maternidad, y he querido rescatar las que, a mi modo de ver, podrían haber sido las situaciones más extremas, de esas que hasta antes de ser madre, decías: – ¿Yo? Nunca, ¡jamás!

Esto sólo lo hace una madre (y uno que otro padre) por sus hijos (y por nadie más)


1. Sonrisas con aroma escatológico

Sonreír y tararear una canción infantil, mientras le limpias el culete (y mejor aún, después de una descarga por gastroenteritis).  Si… y, además, haciendo guiños, y diciendo ñoñerías de tipo: ¿de quién es este culete que está malito? Ya Mami te va a limpiar.  – Vamos, ¡y con entonación y todo!, y en los lugares más absurdos e incómodos existentes, y que visto desde fuera es hasta esquizoide, y en contraposición al entrar a un baño público y sentir ciertos olores, seguir siendo la primera en decir que ahí no entra nadie: ¡coherencia pura, al estilo maternal!

2. Descubrir la capacidad higienizante de la saliva

Si, nos volvemos expertas en limpiarlo todo con saliva, desde el chorreón de colacao en el jersey del cole, hasta las legañas y mocos secos. Incluso, hemos descubierto que la saliva lo cura todo, que no hace falta antisépticos, que con un poco de babas ese raspón de la rodilla se cura, incluso más rápido.  -que ya lo decía mi abuela, y a mi que me parecía todo eso muy asqueroso.


3. Superar la aracnofobia (al menos distinguirla por tamaños)

Vivimos tres años en una casa en la mitad de la montaña, dónde los huéspedes más comunes eran los arácnidos, de todos los tipos, tamaños y colores; cuando llevas dos semanas escuchando a tu crío de 4 años gritando cada vez que veía una minúscula araña, te das cuenta de que algo hay que hacer para evitar que la vida en medio del campo se convierta en una experiencia similar a una cámara de las torturas; solución: superar la aracnofobia (al menos a las de tamaño pequeño y mediano). Así pues, pasé de odiar a las arañas a poder hasta coger a las pequeñas y lanzarlas por el retrete o aplastar a las medianas y más grandes con el matamoscas, y comiéndome de postre mis gritos. (Esto es otra cosa que aprendes… ¿sabes qué es el grito silencioso?, pues es el que da una madre con aracnofobia cuando se topa a una araña peluda del tamaño de su palma de la mano y es capaz de decirle a sus hijos que se aparten con toda tranquilidad, mientras las piernas se aflojan y te entran unas ganas tremendas de hacer pis, ese es el grito silencioso, el que se te va para las entrañas)

4. Comer eso que nunca me gustó y encima, ¡saborearlo! 

Sabemos que el mejor ejemplo para que nuestros hijos tengan hábitos de vida saludable es que nos vean a nosotros tenerlos; y en esta cruzada por convertirnos en modelo y ejemplo para nuestros hijos, también entra el tener que comer cosas que, siendo honestos, si no fuera por ellos y por su valor nutricional, nunca comeríamos.  En mi caso es la coliflor: la he odiado siempre, me producía arcadas, el sólo olor cuando se cocina me dan ganas de todo menos de comerlas, y, sin embargo, llevo más de 10 años redescubriendo su sabor (que no su olor) a tal punto que, ya no me disgustan (tanto). Sumo a la coliflor algunos pescados, y el hígado.


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5. Soportar y hasta interesarme por el fútbol

Si lo viera mi abuela, no lo creería. Yo, la antifutbol por excelencia, la que ponía cruz a quienes preferían quedarse en casa viendo un partido en la tele en lugar de salir a cenar con amigos; yo, la que (y sigo haciéndolo) critica el mundillo que rodea a las contrataciones desorbitadas, a las pasiones desmedidas, a los odios entre congéneres y coetáneos sólo por una afición… esa misma, es la que hoy en día, sigue a los ídolos de mis hijos por Instagram y Twitter, la que está al tanto de las contrataciones de temporada, la que una vez a la semana ojea el Marca y la tabla de posiciones de la Liga, e incluso, alguno que otro partido se ve…

Otras tantas cosas he hecho por mis hijos, que, si no fuera por ellos, seguro que ni me lo hubiera planteado:

  • Pasar noches en vela, y no precisamente de copas y farra
  • Comer sobras, (claro las suyas – “Mami, te dejo ese poquito, ya que te gusta tanto…”– )
  • Perder el miedo al ridículo “Mami, ¿te disfrazas? Esa peluca verde y la cola de dragón estarían fenomenal, ahora vamos al parque”
  • Vencer el miedo a las alturas“Mamá, ¡Quiero subir a la montaña rusa, pero sólo no me dejan!”  Y no lo haces una vez, sino tropecientas en un día. 
  • Dejar de comparMe ese bolso de ensueño para priorizar y mejor actualizar la consola de videojuegos (que no la usarás nunca porque de eso ya poco entiendes)
  • Cancelar ese evento super guay al que te habían invitado con gente muy interesante porque tu peque te diga que se siente malito y quiere estar contigo (que sí, que más de una vez he caído ante la mirada de gatito suplicante)
  • Ceder ese último cuadrado de chocolate que te habías reservado para momentos de crisis, a la voz de –“Mami, yo también quiero” Y así con todo: la última galleta, la punta del cono, el último sorbo de agua, etc. Etc.
  • Dejar de lado el dolor de espalda, y tirarse en el suelo a jugar horas enteras a los Legos o Playmobil (o al menos intentarlo)
  • Soportar la misma película, una y otra vez, hasta el infinito y más allá… 
  • Aprender a hornear pasteles, hacer galletas y cupcakes…. lo nunca imaginable. 
  • Cambiar tus canciones favoritas del coche por los cantajuegos y además aprenderte todas las canciones y las mímicas (Y hacerlas en el semáforo, con la mirada atónita de los vecinos y  transeúntes)

En fin, que sería de nosotras sin nuestros pequeños, que gracias a ellos hacemos lo imposible e increíble… Si algo me decía mi abuela era que gracias a mis hijos a partir de ahora no iba a tener ni un minuto para aburrirme, y en eso no se ha equivocado. Y es que no hay nada como el amor de madre para impulsarnos a hacer lo que sea por ellos.

Seguro que tú tienes alguna que otra cosa más que añadir a la lista, ¿verdad? Me encantaría que me la contaras…

Y por ahora, te deseo un feliz fin de semana…. (el mio se presenta movido con enfermos, lesionados y un evento de seguridad en internet, lo dicho, sin tiempo para aburrirme).

Un abrazo,

Cata de mamatambiensabe!

5 Comentarios

  1. ¡Total! Creo que todas nos vamos a sentir muuuuy identificadas, ja, ja, ja, ja… ¡Ay! Ahora que viene el día de la Madre podremos darnos ese capricho de comprarNos algo, ¿no? Un besote!

  2. Qué reflejada me he visto en este post, Cata! Con excepción de fingir que me gusta el fútbol (por suerte en casa no somos muy futboleros, ni siquiera mi marido). Lo de ceder el último trozo de chocolate cuesta, pero ¿qué no haríamos por nuestros hijos? Besos!

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